A un cristiano no le puede ir mal; y si le va mal, es porque está en pecado. Al menos, ese era el pensamiento de los amigos de Job…

Según la Biblia, Job era un hombre recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Era un verdadero padre de familia y un buen sacerdote de su hogar, además de ser un exitoso ganadero y muy rico.

Cierto día, llegaron a la casa de Job tres mensajeros y le informaron que había perdido toda su hacienda de manera insólita. Luego llegó un cuarto mensajero con la trágica noticia de que sus 10 hijos habían muerto en un terrible accidente. Todo esto sufrieron Job y su esposa en un solo día. De repente, quedaron en la bancarrota y sin descendencia.

Dice la Biblia que Job se postró y adoró. ¡Adoró a Dios en medio de semejante tragedia! Aceptó su voluntad sin quejarse ni culparlo.

Como si eso fuera poco, días después, Job amaneció con el cuerpo cubierto de llagas, que, además de producirle un ardor y comezón insoportable, lo enfermaron a tal punto que quedó sólo piel y huesos.
Unos amigos se enteraron de todo lo que le había pasado, y decidieron ir a consolarlo, pero al final terminaron juzgándolo…

No podían entender cómo podrían pasarle semejantes cosas a un hijo de Dios. Según ellos eso era imposible, así que concluyeron que la causa de todo debía ser algún pecado que Job había cometido.
¡Qué fácil es sacar conclusiones rápidas cuando no comprendemos algo!

Cuando era más joven, solía juzgar a la gente por su falta de fe o su inmadurez, hasta que el Señor nos condujo a través de un doloroso proceso de enfermedad y muerte. Desde entonces, ya no juzgo más a la gente. ¿Cómo podría? Si yo estuve en esa misma situación.

Está claro que los amigos de Job no habían experimentado el quebranto que Job estaba padeciendo, y por eso no lo entendían. Su intención era ayudarlo, pero sólo estaban causándole más dolor.
En su soberanía, Dios permitió que Job sufriera terriblemente siendo un hombre justo. Dios nunca lo condenó, al contrario, lo bendijo mucho más.

¿Y tu qué piensas? ¿A un buen cristiano le puede ir mal?

Billy e Inés Saint

Extraído del libro: “Más humanos de lo que quisiéramos

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